La reconfiguración de las cadenas de suministro globales, acelerada por las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, la pandemia de COVID-19 y los conflictos geopolíticos, ha posicionado a México como el destino preferido para la relocalización de manufactura electrónica. En 2025, la inversión extranjera directa en el sector electrónico mexicano creció un 28% respecto al año anterior, con proyectos de nuevas plantas de semiconductores, centros de ensamble de electrónica de consumo y fábricas de componentes para vehículos eléctricos.
La llegada masiva de nuevas operaciones de manufactura electrónica genera retos aduaneros específicos que las empresas deben anticipar. Los componentes electrónicos frecuentemente tienen clasificaciones arancelarias complejas, están sujetos a múltiples regulaciones y restricciones no arancelarias, y en muchos casos provienen de países con cuotas compensatorias activas. Además, la velocidad de evolución tecnológica hace que productos nuevos aparezcan constantemente, requiriendo clasificaciones arancelarias para mercancías que no existían hace meses.
Los componentes electrónicos de última generación — como chiplets, semiconductores de banda ancha, o módulos integrados multifunción — frecuentemente no tienen una correspondencia clara en la nomenclatura arancelaria. El proceso de clasificación requiere análisis técnico profundo y, en casos de duda, puede ser necesario solicitar una resolución anticipada al SAT.
Las empresas electrónicas que se establecen en México tienen acceso a una combinación de programas de fomento que pueden reducir significativamente los costos de importación. El IMMEX permite la importación temporal de insumos y maquinaria sin impuestos. El PROSEC del sector electrónico (Sector 2) ofrece aranceles del 0% para la mayoría de los componentes electrónicos. La certificación IVA-IEPS otorga un crédito fiscal del IVA en importaciones temporales. Y el esquema de Empresas Certificadas reduce los tiempos de despacho aduanero.
La regla octava de la TIGIE es particularmente relevante para el sector electrónico. Permite importar componentes que no se producen en México con un arancel preferencial, siempre que se utilicen en la manufactura de un producto terminado cuya fracción arancelaria esté incluida en el programa. Esta regla complementa al PROSEC y puede aplicarse a componentes que no estén cubiertos por el programa sectorial, ampliando el universo de insumos con arancel reducido.
El nearshoring electrónico en México enfrenta retos importantes: la infraestructura energética insuficiente (las plantas de semiconductores consumen enormes cantidades de electricidad y agua ultrapura), la escasez de ingenieros especializados en ciertos segmentos, la competencia de otros destinos como Vietnam e India, y la necesidad de desarrollar proveedores locales de materiales y componentes. Sin embargo, la proximidad geográfica con el mayor mercado del mundo, los tratados comerciales vigentes y la experiencia acumulada de décadas de manufactura electrónica dan a México una ventaja difícil de replicar.
La consultora Kearney estima que México podría capturar entre 35 y 60 mil millones de dólares adicionales en manufactura electrónica en los próximos cinco años como resultado del nearshoring. Las empresas que establezcan sus operaciones ahora, con la estructura aduanera correcta, estarán mejor posicionadas para capturar esta oportunidad.
Para las empresas electrónicas que están evaluando México como destino de manufactura, la planificación aduanera y de comercio exterior debe ser parte integral del business case desde el inicio. La selección del programa de fomento correcto, la clasificación arancelaria de todos los insumos, la evaluación de reglas de origen para exportaciones preferenciales y la estructura logística pueden hacer la diferencia entre una operación rentable y una que no logra competir.
Equipo Camtom
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