La relación comercial entre México y Estados Unidos es la más importante para ambos países. Con un intercambio bilateral que supera los 800,000 millones de dólares anuales, cualquier perturbación arancelaria tiene efectos profundos en las cadenas de suministro integradas de América del Norte. En los últimos meses, ambos gobiernos han recurrido a medidas arancelarias retaliatorias que afectan a sectores clave como el acero, aluminio, productos agrícolas y manufacturas.
Es importante entender que los aranceles retaliatorios operan al margen del T-MEC y se fundamentan en disposiciones de seguridad nacional (Sección 232 en EE.UU.) o en represalias comerciales legítimas bajo la OMC. Esto significa que incluso productos que gozaban de libre comercio bajo el T-MEC pueden verse afectados.
Estados Unidos mantiene aranceles bajo la Sección 232 sobre acero (25%) y aluminio (10%) provenientes de México, después de haber eliminado temporalmente estas tarifas como parte de las negociaciones del T-MEC. Adicionalmente, se han impuesto aranceles adicionales del 25% sobre ciertos productos agrícolas mexicanos en respuesta a disputas comerciales específicas.
México ha respondido con aranceles retaliatorios espejo sobre productos estadounidenses equivalentes. La estrategia mexicana se ha diseñado para afectar productos de alto impacto político en estados clave de EE.UU., maximizando la presión para negociar sin dañar excesivamente las cadenas de suministro mexicanas.
El impacto de los aranceles retaliatorios va más allá del costo directo del arancel. Las cadenas de suministro integradas de América del Norte, donde un componente puede cruzar la frontera tres o cuatro veces antes de llegar al consumidor final, se ven particularmente afectadas. Un arancel del 25% sobre acero, por ejemplo, no solo encarece el acero importado sino que incrementa el costo de todos los productos manufacturados en México que utilizan ese acero.
Según estimaciones de la CONCAMIN, los aranceles retaliatorios vigentes han incrementado los costos de producción promedio en un 3.7% para el sector manufacturero mexicano y en un 5.2% para el sector agrícola.
Las negociaciones entre ambos gobiernos continúan, con presión de los sectores privados de ambos países para encontrar soluciones. Los expertos anticipan que los aranceles sobre acero y aluminio podrían flexibilizarse mediante un sistema de cuotas, similar al acuerdo que existió brevemente en 2019. Sin embargo, los aranceles agrícolas podrían mantenerse más tiempo dado el contexto político en ambos países.
Los aranceles retaliatorios son una realidad del comercio internacional actual. Las empresas que se adaptan rápidamente y diversifican sus estrategias son las que mejor navegan estos periodos de incertidumbre.
“En un entorno de aranceles cambiantes, la información oportuna y la flexibilidad operativa son las mejores defensas del importador.”
— Equipo Camtom
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